Formación de una ciudad democrática
Debemos reconstruir el poder popular, desde los espacios más pequeños, siendo Estado, gobierno para todas y todos. Trabajar en lo local con una visión global. Fortalecer los espacios locales como los municipios, que son las instancias de poder más cercanas a los ciudadanos. Para lograr una ciudad democrática hay que empezar por el municipio.
También coincidimos en la necesidad de garantizar a la población formación, información y mecanismos de comunicación y participación, de manera tal que se tenga una incidencia directa en la definición e instrumentación de políticas urbanas y sociales. Buscar incidir en los centros de decisión pero siendo congruentes con los intereses colectivos, de servicio a la comunidad. Las organizaciones debemos retomar las necesidades más sentidas de la gente.
FORMACIÓN DE UNA CIUDADANÍA DEMOCRÁTICA
Concepto de Ciudad Democrática
La democracia a la que aspiramos parte de las raíces profundas de los pueblos, es para toda la vida, respeta la diversidad cultural, la equidad de géneros, a las ciudadanas y ciudadanos con discapacidad, y busca la felicidad de todas y todos.
Las ciudades reproducen expresiones de exclusión que afectan de manera particular a niños, mujeres, jóvenes, adultos mayores, personas con discapacidad, indígenas. Debemos romper con esta inercia. Mientras exista hambre, desigualdad social, desempleo, discriminación de cualquier tipo o cualquier forma de explotación del ser humano no habrá democracia real en el mundo. Los conceptos de democracia y equidad van juntos.
Construir una cultura democrática
Somos producto de una cultura anti democrática, autoritaria, caudillismo y excluyente. El reto es crear una cultura democrática. Avanzar en el sueño de la sociedad democrática es empezar por convencernos a nosotros mismos y hacer un compromiso para llevar a la práctica la democracia, recuperando principios como la solidaridad, la amistad, la confianza, entre otros.
Desde el barrio, desde la organización, empezar a practicar el principio democrático. Debemos combatir la corrupción y la despolitizan, convencidos de que no hay temas que no sean esencialmente políticos. Los problemas de base deben ser el fundamento de la política.

Construir organizaciones democráticas
Desde nuestras organizaciones nos comprometemos a profundizar la democracia y a contribuir para que la sociedad se incorpore a esta gran tarea transformadora: la democracia social.
Es indispensable fortalecer los procesos de educación, formación política y comunicación de la gente de base, generando una nueva cultura democrática que nos permita incidir en las decisiones, ya sea a nivel local, regional e internacional.
Por otra parte, es fundamental discutir sobre la relación entre movimientos sociales y partidos políticos. Hay una trampa en plantear la dicótoma entre política y movimientos de base. El papel de los movimientos sociales es aportar elementos para la política, urbana en particular.
Estamos construyendo poder desde abajo pero desarticulado, más sectorial que integralmente, con una visión paterna lista y caritativa. Hay que cambiar la visión que se tiene del movimiento social y comunitario; dejar de lamentarse, pedir ayuda o desarrollar acciones aparentemente autosugestionaras. Hay que trabajar en la organización popular a nivel local, regional e internacional, reivindicando el derecho de autodefensa de los pueblos y reconociendo todas las formas de lucha ante la intolerancia del sistema.
Construir un Estado democrático
Debemos reconstruir el poder popular, desde los espacios más pequeños, siendo Estado, gobierno para todas y todos. Trabajar en lo local con una visión global. Fortalecer los espacios locales como los municipios, que son las instancias de poder más cercanas a los ciudadanos. Para lograr una ciudad democrática hay que empezar por el municipio.
También coincidimos en la necesidad de garantizar a la población formación, información y mecanismos de comunicación y participación, de manera tal que se tenga una incidencia directa en la definición e instrumentación de políticas urbanas y sociales. Buscar incidir en los centros de decisión pero siendo congruentes con los intereses colectivos, de servicio a la comunidad. Las organizaciones debemos retomar las necesidades más sentidas de la gente.
FORMACIÓN DE UNA CIUDADANÍA DEMOCRÁTICA
la ciudadanía desde la perspectiva democrática es entendida como un acto de convivencia, una condición que ejerce en cooperación y con otros y con otras. Asumir la ciudadanía desde esta perspectiva, implica su reconocimiento como una práctica para la "libertad en una sociedad democrática" donde el ciudadano pueda desarrollar su capacidad de autodeterminación y participar de aquellas condiciones políticas y sociales adversas que coartan las libertades restriguen derechos y oportunidades e impiden acceder a una vida digna.
la ciudadanía se trata de estimular, desde la edad juvenil, el desarrollo de capacidades que pongan al individuo en condiciones de crearse a sí mismo orientaciones válidas.
Aun más, constituir un ciudadano democrático apunta a despertar en cada sujeto el reconocimiento de que haga parte de una sociedad multicultural preparándolo para la relación con el otro y con los otros; para que aprenda a reconocer quién es ese otro, cómo vive, cómo piensa, cómo trabaja, qué sueños y aspiraciones tiene, qué dificultades lo marginan y lo excluyen, qué oportunidades tiene; para que descubra lo que significa la negación y la invisibilidad del otro, y aprenda a asumir posturas firmes en contra de los procesos de marginación y exclusión.


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